La Dra. Moro es una mujer pragmática, madura e inteligente; la Dra. Moro es mi médico de cabecera, y hace que me sienta como si me conociera de toda una vida, si bien es cierto que esto último es paradójico, pues hace once años que no visito al médico de cabecera, o que el médico de cabecera no recibe mi visita. La Dra. Moro también tiene mal genio, y así lo he podido comprobar el otro día, cuando me dice muy seria y arqueando las cejas hacia los lóbulos de las orejas: "Tienes las anginas infectadas e hinchadas, ¿cómo has tardado tanto en venir?". Le contesto que no sé, que no he tenido fiebre y que el problema es que soy muy mal enfermo, porque cuando estoy malo no suelo parar la máquina, me gusta sentirme útil y seguir haciendo cosas. "Ya, ya", me dice la Dra. Moro, "pero has de ser más quejica; algunos venís y tenéis más cuento que enfermedad, y otros os pasáis de estoicos".
(Pienso en ese momento que me encanta escuchar la palabra "estoico" dicha por otra persona, suena metálica. Y me digo a mí mismo además que cuando llegue a casa buscaré su etimología -así lo hice- Stóa poililé, es decir, "pórtico pintado", palabra de la que deriva "estoicismo").
La Dra. Moro está preocupada por mis anginas y me receta antibióticos para ocho días; ayer me dejaron grogui, que me recuerda a los boxeadores, y -aunque no soy muy fan- a Los Griguis de Muchachada Nui. Pues eso, ando grogui o grigui, pero todo a mi alrededor parece que tiene más luz (va, es coña, no penséis que estoy ahora flipando, veo las cosas como siempre). El hecho de que el mundo para la Dra. Moro se divida en quejicas y no quejicas, me hace plantearme que para mi el mundo se divide en muchas cosas, y en lo mucho que me molesta que la gente divida su realidad en dos partes.
Al final de la consulta (se tiró conmigo casi media hora, que culpabilidad viendo a tantos viejitos fuera esperando en esas sillas esas de plástico que reducen tu conciencia a la de una ameba en la inmesidad de ninguna parte), la Dra. Moro me enseña varias técnicas por si me atraganto (sí, lo sé, es estúpido, pero me ha pasado ya más de una vez), y me hace un simulacro en vivo y en directo de cómo contra una silla puedes tratar de sacarte tú mismo el atasco; surrealista, menudos golpes se mete la Dra. Moro contra la silla de los pacientes para que yo pueda quedarme con la copla, y pienso "ahora la muy bestia se parte algo, se queda inconsciente y encima me como el marrón". Nos despedimos y me dice que quiere verme pronto. A mi no me hace mucha gracia, pero la sonrío por educación, casi se me cae la mandíbula del esfuerzo. Pese a todo, la Dra. Moro me cae bien, cree que soy un estoico.
en Trondheim hay una tienda d disfraces y artículos d broma q se llama, vaya confl a saber porqué, Bar el Moro.
ResponderEliminarno tiene nada q ver con la entrada, pero me lo ha recordado :-)
por cierto, me ha gustado la entrada tmb. jajaja. y también, creo q me gustaría la Dra. Moro, sin caerme particularmente bien. tengo una doctora q hace un papel similar...